Ya se nos acabaron las dos semanas de descanso que tuvimos en este mes. Hace muchos días que no me paso a escribir nada, pero como estaba de relax me daba pereza.
Nos fuimos tú y yo, Deva, a las Asturias. A las dos nos vino muy bien ese cambio de aires, sobre todo por los calores de Madrid, aunque también para desconectar un poco de todo.
Te sentó muy bien el ver a tus abuelos y al resto de la familia, aunque a estos últimos rara vez los vislumbras. Tu madrina está teniendo un verano bastante ocupado, así que no pudo disfrutar contigo todo lo que quiso.
Ya casí había pasado una semana y aún no habíamos pisado la playa, y esto fue casi un pecado porque estábamos al lado; solo era cruzar la calle y ya la teníamos justo delante. No soporto la playa ni a la gente que parece no saber caminar por la arena sin lanzarla por todos lados, pero tú no podías irte sin conocer el Cantábrico, aunque fuese sentada en la toalla, o dando unos pasitos descalza por la orilla.
Fuimos al Acuario, y a ti te gustó lo que viste , aunque fue poca cosa, porque si nos paramos demasiado en un recinto cerrado te aburrés mucho y protestas. Al comienzo de la visita había una piscina de nutrias, pero no las pudimos ver porque estaban durmiendo, mala pata, porque creo que te hubiera ilusionado verlas; por el camino perdiste una playerita, pero gracias a la amabilidad de algunas personas la recuperamos. Vimos también pingüinos -entre otros bichos marinos-, que me recordaron a los de Faunia, pero aquí en plan un poco más cutre -se hace lo que se puede-. En fin, que este fue tu primer contacto con los animales salvajes, no les prestaste mucha atención, pero claro, aún eres muy pequeña. Lo que si te encanta es quitarse los zapatos y tirarlos donde mejor te parece, y tirar de los calcetines para quitártelos también, que nose traes loquitos con eso y ya no sabemos que hacer.
No teníamos bañadores, y cada vez que pensaba en bajar a la playa contigo se nublaba el día o salían otros planes, pero por fin conseguí ir, el último día. Te manchaste de arenae intentabas quitártela, era una delícia verte porque no querías mancharte y te sentías incómoda, pero al final te rebozaste bien, con baño incluido. Y para ser tu primer día en la playa, no estuvo nada mal.
En conjunto fueron unas vacaciones agridulces, porque mi madre y mi hermana aprovecharon el "fílón" para amargarme un poco la existencia: que tengo que empezar a quitarte el pañal y llevarte al orinal, que tienes que empezar a caminar...En fin, la familia -que no hay más que una y tenemos que sufrirla-...Solo espero que a ti te dejen vivir, que te dejemos vivir tranquila.
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