Si, señor, de una tacada. Con razón estabas estos días atrás mordiendo los chupos y cualquier cosa que pillaras con la boca, pobre mía.
Te las descubrí hoy al mediodía, cuando abrías la boca para comer. Te vi una "manchita" blanca en la encía de abajo, y cuando te metí el dedo para palparlo, vi que no era solo una, sino que las otras dos, quizá por envidia, habían decidido salir a hacer compañía a la primera.
Y tú, valiente de ti, no te quejabas en absoluto ni decías nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario