No hace tanto que pasó, aunque tampoco fue hace dos días. En fin, la cosa es que por la primavera, antes de que empezaran a subir las temperaturas, había días en que ibas de paseo con la abuela, y en una de estas, cuando volvíais del parque, te agachaste a ver las hormigas; fue ella misma quien me lo contó. Pusiste tu manita sobre el bordillo y de repente miraste hacia ella, te levantaste como un bólido y empezaste a gritar:
- Abuela, hormigas, pica, pica!!!. Aaaaah, picaaaaa!!!.
Tuvo que quitarte los bichitos de la mano para que te calmaras.
Otro día, esta vez por casa, y no fue tan lejano en el tiempo. Empezaste a jugar por el pasillo, con nosotros, y tras las pelotas. Y te pones a decir a gritos:
- Aaaah, un monstro, un monstroooo!!
Si es que es una gozada verte, ya no es solo jugar, es que lo disfrutas y te ríes, y nosotros contigo. Te escondes, nos escondemos, nos buscamos y vuelta a empezar otra vez.
Estás hecha toda una gamberrita, mi niña...
No hay comentarios:
Publicar un comentario